PECIOS TEXTOLÓGICOS
Luciano
se definió a sí mismo en El pescador en estos términos:
Odio
a los impostores, pícaros, embusteros y soberbios y a toda la raza
de los malvados, que son innumerables, como sabes... Pero conozco
también a la perfección el arte contrario a éste, o sea, el que
tiene por móvil el amor: amo la belleza, la verdad, la sencillez y
cuanto merece ser amado. Sin embargo, hacia muy pocos debo poner en
práctica tal arte, mientras que debo ejercer para con muchos el
opuesto. Corro así el riesgo de ir olvidando uno por falta de
ejercicio y de ir conociendo demasiado bien el otro.
OTRO
POCO DE LUCIANO:
"Concluí por no reprocharles mucho por
todas las mentiras que encontré al leerlos, viendo que eso ya es
algo habitual incluso entre los que prometen filosofar. Pero me
extraña en ellos lo de que hubieran pensado que pasaría inadvertido
que no escribían la verdad. Por lo que también yo, empeñándome
por vanagloria en dejar algo a los venideros, para no ser el único
desheredado con libertad para contar mentiras, puesto que nada
verdadero tenía para contar –porque nada digno de mención me ha
ocurrido–, me he dedicado a la ficción de un modo mucho más
descarado que los demás. Y en una sola cosa seré veraz: en decir
que miento.
Me parece que así escaparé a la acusación de los
demás, al reconocer yo mismo que no cuento nada verdadero. Escribo,
por tanto, acerca de lo que ni vi, ni comprobé, ni supe por otros y,
es más, acerca de lo que no existe en absoluto ni tiene fundamento
para existir. Por lo tanto, los que me lean no deben creerme en
absoluto."
Luciano de Samósata, Historia Verdadera, I, 4.
NUEVAS
REFLEXIONES SOBRE EL 8 DE MARZO
Este 8 de marzo solo unos
miles de personas se han manifestado a lo largo del territorio, la
mayor parte de ellas son, de una u otra manera funcionarios o
subvencionados del Estado, pero, si somos realistas hay que reconocer
que ni siquiera la totalidad de los y las paniaguados del Estado
feminista han salido a la calle. Puesto que la mayor parte de ellos
actúa por dinero es lógico que no hagan “horas extras” sin
cobrar.
La ortodoxia sexista funciona, sencillamente, por la masa
de dinero que inocula el Estado a sus organizaciones y sus
estructuras que dimanan directamente de él, muy poco o nada hay de
gratuito, voluntario o militante en su acción, por eso cada vez más
mujeres reniegan de estos actos institucionales y rituales que nada
tienen que ver con la libertad.
Recojo dos ejemplos publicados en
los últimos días: la reflexión de Elena Díez de la Cortina y la
de Charo Hernández Catalán.
Elena dijo en facebook, y
suscitó polémica, claro:
“NO CELEBRO EL 8 DE MARZO. Y os
aseguro que soy mujer todos los días, incluso hoy.
NO CELEBRO el
trabajo asalariado, bajo control y mordida estatal.
NO CELEBRO
tener que trabajar. Menos aún tener doble jornada, dentro y
fuera.
NO CELEBRO que la dignidad se mida €n cifra$ barrada$.
Me
niego a celebrar que mi valía se cifre en productividad
mercantilista.
No celebro no sé qué liberación femenina en
estos tiempos de TIRANÍA absoluta, cuando la razón fuerte de tal
artimaña no fue otra que enrolarnos en las maquinarias del poder
capitalista (¿No fue patrocinada la "liberación femenina"
por los rockefeller de turno?).
No celebro que el Estado (nunca
electo) tenga más potestad que yo sobre mis hijos.
Que la
escolarización obligatoria de nuestros niños en centros de
adoctrinamiento entorpezca fieramente la transmisión amorosa y libre
de otras maneras de vivir.
No celebro el feminismo
contrarevolucionario de paternalismo estatal ni sus falsos cantos de
sirena.
No celebro las leyes de violencia de género actuales, que
separan a los iguales, hombres y mujeres, induciéndolos a una guerra
estúpida de géneros que impide que visualicemos al verdadero
Leviatán.
Así que, por favor, no me pongáis florecitas ni
corazoncitos en el FB.
Prefiero las de verdad, bien arraigadas en
tierra.”
Iván
ILLICH
“Ya
son manifiestos los síntomas de una crisis planetaria
progresivamente acelerada. Por todos lados
se ha buscado el
porqué. Anticipo, por mi parte, la siguiente explicación:
la
crisis se arraiga en el fracaso de la empresa moderna, a saber, la
sustitución del hombre por la máquina. El gran proyecto se ha
metamorfoseado en un implacable proceso de servidumbre para el
productor, y de intoxicación para el consumidor.
El señorío del
hombre sobre la herramienta fue reemplazado por el señorío de la
herramienta sobre el hombre. Es aquí donde es preciso saber
reconocer el fracaso. Hace ya un centenar de años que
tratamos de
hacer trabajar a la máquina para el hombre y de educar al hombre
para servir a la máquina. Ahora se descubre que la máquina no
‘marcha’, y que el hombre no podría conformarse a sus
exigencias, convirtiéndose de por vida en su servidor. Durante un
siglo, la humanidad se entregó a una experiencia fundada en la
siguiente hipótesis: la herramienta puede sustituir al esclavo.
Ahora bien, se ha puesto de manifiesto que, aplicada a estos
propósitos, es la herramienta la que hace al hombre su esclavo.
IVÁN
ILLICH, CONVIVENCIALIDAD
“No
somos capaces de concebir más que sistemas
de
hiper-instrumentalización para los hábitos sociales,
adaptados a la lógica de la producción en masa. Casi hemos perdido
la capacidad de soñar un mundo en donde la palabra se tome y se
comparta, en donde nadie pueda limitar la creatividad del prójimo,
en donde cada uno pueda cambiar la vida.”
IVÁN ILLICH
LAFARGUE
«Trabajad,
trabajad noche y día; trabajando, vosotros aumentáis vuestra
miseria, y vuestra miseria nos ahorra tener que imponeros el trabajo
por la fuerza de las leyes. La imposición legal del trabajo es
demasiado penosa, exige demasiada violencia y hace demasiado ruido;
el hambre, por el contrario, es no solamente una presión pacífica,
silenciosa, incesante, sino que, siendo el móvil más natural del
trabajo y de la industria,
provoca también los esfuerzos más
potentes.»
Trabajad, trabajad, proletarios, para aumentar la
fortuna social y vuestras miserias individuales; trabajad, trabajad
para que, haciéndoos cada vez más pobres, tengáis más razón de
trabajar y de ser miserables.
LAFARGUE, REFUTACIÓN DEL TRABAJO.
ANTROPOLOGÍA
DE LA CRIANZA
El
enemigo no es la maternidad.
Desde el siglo XX aproximadamente,
la maternidad ha sido vista como un tope para el desarrollo
profesional/laboral de las mujeres, o al menos un camino que no cruza
entre la maternidad y el trabajo. Se habló de equiparar derechos, de
aumentar la cuota de mujeres en el trabajo, pero nunca se hablo de
valorar el potencial reproductor del mundo social que cae en manos,
casi siempre y unilateralmente, de esas mismas mujeres. El discurso
fue claro, quedarse en casa es malo, retrogrado, poco liberal y
sumiso. Las instituciones respondieron generando toda una batería de
dispositivos para criar niños ajenos de mujeres que se desarrollaban
laboralmente, estigmatizando su maternidad, respondiendo a las voces
que critican el modelo "antiguo". La sagrada díada
madre-hijo(a) había sido corrompida. Estos mensajes, estás
criticas, que venían muchas veces de otras mujeres, generan la
crisis de nacimientos en la actualidad, el mundo envejece y no se
renueva a la velocidad de antaño, cada vez es más complejo decidir
tener hijos e hijas, siempre lo económico prima para tomar la
decisión, cualquier decisión. Lo que me molesta, no es que haya
mujeres trabajando, sino que se equivocaron de enemigo, no es la
maternidad la que nos pone en desventaja, sino un sistema desigual,
pensado para hombres que no se hacen cargo emocional, afectiva y
físicamente de sus hijos (una vez más es un tema económico)
generando maternidades duras de vivir, complejas y culposas, lo cual
sólo ayuda a seguir con el modelo actual en el que vivimos, en dónde
la independencia es el valor trascendental y su medio para
conseguirlo es el desapego y la exaltación de lo económico como
medio para la movilidad social e incluso para el futuro bienestar de
ese hijo e hija. Aquello me molesta profundamente, nos equivocamos de
enemigo, porque las mujeres siempre han trabajado y criado hijos e
hijas simultáneamente, el mundo, en ese entonces, no era un mundo
más benevolente con aquellas que cumplían una gran labor, sino que
los valores e ideales estaban puestos en generar nuevos individuos,
sanos, competentes, respetuosos de las tradiciones, con convicción,
capaces de sobrevivir y construir nuevas familias, de generar
recursos, de nombrar lo indescriptible, de descubrir y generar
conocimiento, y eso se logró incluyendo al nuevo ser en el mundo de
la madre, algo que en la actualidad es cada día más difícil y más
reprochado.